¿Qué hacen una geógrafa urbana, un consultor de recursos humanos, varias directoras de Banesto, mi amigo Tomás y un centenar de gente trajeada, en una terraza a 50 metros de altura en el centro de Málaga, dentro de un hotel que aloja un par de ministros, un jueves por la noche? Las jornadas judiciales de ese día y el club Málaga Valley nada tienen que ver.

Horas antes, pasadas las seis y media, tomo la nada difícil decisión de asistir al acto, en lugar de continuar trabajando hasta que el cuerpo aguante. Compruebo horrorizado que tengo que estar en el rectorado de la UMA a las siete y media. Soy un poco maniático, no me gusta llegar tarde y, a estas horas, seguro que hay embotellamientos dirección al centro. Ignorando una angustia poco justificada, me disfrazo rápidamente de empresario (traje oscuro y corbata, también válido para bodas, bautizos, etc.) y me echo a la calle y la fresca tarde otoñal.
Como el atasco está garantizado, decido que la mejor opción para llegar a tiempo es el transporte público, que para algo sirve el carril bus. Por desgracia una multitud de estudiantes saliendo del campus han pensado lo mismo y, superado el trayecto hasta el centro, me dirijo hacia el rectorado, sito en pleno parque de Málaga, a velocidad de marcha olímpica. Llego tres minutos tarde y encuentro las puertas del salón de actos cerrado. Abro cautelosamente una puerta y me recibe la sonrisa de
Francy. La entrega anual de premios de Adepma está a punto de comenzar. La puntualidad resulta inusual en esta ciudad. El alcalde tiene prisa, misterio desvelado.
La asociación ADEPMA (Asociación de Directivas, Empresarias y Profesionales, Mujeres de Andalucía) celebra la quinta edición de sus premios anuales. Un surtido político-socio-empresarial preside el acto. Alcalde de Málaga, vice-rectora de la universidad de Málaga, delegada de Igualdad y Bienestar Social, presidente de la cámara de comercio y vicepresidente de la confederación de empresarios se sientan junto a Cristina Guerrero, presidente de ADEPMA. Una magnífica representación considerando que la ciudad se halla invadido por ministros y otros pesos pesados. Les honra a la mesa y los premios ciertamente lo merecen.
Se entregan: Premio a la Mujer Directiva Premio a la Mujer Empresaria, Premio a la Empresa de Conciliación y Premio a la Mujer ADEPMA. Un surtido nada sorprendente dada la finalidad de la asociación. Donde ADEPMA se muestra siempre valiente es en la selección de premiados. Siendo una asociación andaluza, los premios esta vez recaen en una escocesa, la empresa AERTEC, propiedad de un par de hombres, una uruguaya recién nacionalizada y, porque hay valores femeninos autóctonos, una malagueña.
El discurso de Lynn Mitchell al recoger el premio, como comenta luego
Tomás, es de libro. Me emociono hasta el punto de tener que disimular alguna lágrima. Desde luego entiendo que sea directora de marketing y que se premie su labor. Los otros discursos no van muy a la zaga.
Para digerir las emociones y rumiar las tremendas cifras de desigualdad presentados inicialmente por la mesa, nos dirigimos al AC Málaga Palacio. Lo que viene a contestar la pregunta inicial. Brindemos por ADEPMA, su continuidad y su valentía con un agradecimiento especial a
Nuria, maestra de ceremonias en estos eventos. Ah, y tarjeta roja a los medios de comunicación locales por la nula difusión del acto.
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