Una investigación llamada “Why Good Firms Do Bad Things: The Effects of High Aspirations, High Expectations and Prominence on the Incidence of Corporate Illegality” (“Por qué las buenas compañías hacen cosas malas: los efectos de las altas aspiraciones, las altas expectativas y la prominencia en la incidencia de la ilegalidad corporativa”) acaba de revelar resultados que contradicen la creencia anterior que afirmaba que las empresas con óptimos resultados tenían menos posibilidades de incurrir en actividades ilegales como el fraude, falsas reclamaciones y violaciones medioambientales y anticompetitivas.
Después de que el mundo vio estallar la burbuja inmobiliaria en la que se destaparon tantas prácticas de las empresas que no eran precisamente un motivo de orgullo ante los ojos de la sociedad, resulta pertinente revisar los resultados de este estudio que analizó información de 194 grandes compañías manufactureras públicas de Estados Unidos entre 1990 y 1999, y fue publicado en el Academy of Management Journal.
De acuerdo con el estudio, las compañías exitosas y destacadas tienen más probabilidades de caer en la ilegalidad debido a la presión externa e interna que sienten continuamente sus dirigentes para mantener los buenos resultados o, peor, para mejorarlos, lo que no siempre es posible y termina por hacer que las personas lleguen a actuar de una forma que jamás hubieran imaginado. Y es que las presiones que recaen sobre los responsables de las empresas vienen de todas partes, ya que hay un entusiasmo que lleva a muchos a pedir más y a desear que los resultados sigan hacia arriba.
Yuri Mishina, profesor de la Michigan State University y líder del estudio, explica al respecto que, cuando se alcanza el éxito, hay en las empresas una presión interna que proviene, por un lado, de la percepción de la compañía acerca de cómo está posicionada frente a la competencia, y otra presión externa procedente de los accionistas, que han mejorado sus expectativas debido a los buenos resultados y se resisten a reducirlas en siguientes ejercicios.
Mishina añade que los excelentes beneficios de estas compañías destacadas tienden a no mantenerse en el tiempo; ya que “…las compañías altamente destacadas tienden a ser las más severamente castigadas por no cumplir las expectativas de rendimiento. Y es entonces cuando (esta situación) se convierte en una elección para los directivos: o bien hago las cosas más fáciles para alcanzar los resultados pretendidos y a lo mejor me descubren, o bien acepto que los resultados no han cumplido los objetivos y soy castigado con seguridad”.
Y es ahí cuando los directivos pueden caer en la tentación de simplificar tareas para no decepcionar a aquellos que esperan tanto de ellos, ya que, según Mishina, a las empresas lo que les da miedo es tener malos resultados en el futuro y es en esta situación en la que más fácilmente pueden incurrir en la ilegalidad, y no cuando ya tienen malos resultados y necesitan obtener unos mejores.